Los números de Benetton: En condiciones desafiantes, un mega planteo ganadero, agrícola y forestal busca demostrar que siempre se puede producir

15 Dic 2022

Tomadas por la extensa estepa, cursos de agua de diversos tamaños y formaciones rocosas que borran los límites entre la cordillera y la pre cordillera, las tierras cuya propiedad se adjudican a la familia Benetton, al sur de nuestro país, corren hasta donde dé la mirada.

A esa altura del mapa, donde las fronteras entre las provincias de Río Negro y Chubut se entremezclan, la ruta nacional 40 oficia de mirilla de esa propiedad a pleno cielo abierto y deja ver un sinfín de ovejas, bovinos y pinos, muchos pero muchos pinos.

Y aunque comúnmente se acuse a Benetton de ser “dueño” de casi la totalidad de la Patagonia argentina, lo cierto es que, si se quiere hablar con propiedad, hay que decir que esos extensos terrenos pertenecen a Compañía de Tierras Sud Argentino, una empresa que se constituyó en 1889 con capitales ingleses y que en la década de 1990 –luego de estar en manos de un consorcio nacional- pasó a integrar el holding Edizione de la familia italiana.

Otra cosa que es cierta es que sin apoyarse en los números, la totalidad de esta mega explotación agropecuaria -que no se limita a la región sur del territorio- sería inconmensurable. Quizás sea por esa misma razón que Ronald Mac Donald, administrador general de Estancias de la Cordillera de Compañía de Tierras Sud Argentino, los lleva tatuados en la mente.

De las 920.000 hectáreas que la empresa tiene en total en el país, distribuidas en las provincias de Buenos Aires, Río Negro, Chubut y Santa Cruz, desde hace 31 años Ronald recorre 356.000 de ellas.

“Esa totalidad de hectáreas están distribuidas en cuatro estancias, de las cuales 80.000 están en Río Negro. El resto está en la provincia de Chubut. Tenemos la estancia Leleque, El Maitén, El Montoso pegado a la zona de Esquel, y Pilcaniyeu en Río Negro”, dijo a Bichos de Campo el administrador oriundo originalmente de Tierra del Fuego.

Ese vasto territorio se sostiene sobre tres patas productivas íntimamente interconectadas: la ganadería, la agricultura y la forestación. La primera es quizás una de las más reconocidas.

“Nosotros tenemos un promedio de 80.000 ovinos en esquela, que cuando las madres paren y se suma la cantidad de corderos de la temporada superan los 100.000 animales. Son todos Merino Autraliano y Poll Merino. En el caso de los vacunos, todo de un plantel Hereford, estamos en torno a los 9.200 animales con terneros incluidos”, detalló Mac Donald.

La empresa destina la producción ovina principalmente a la provisión de lana, aunque también han comenzado a aumentar su tasa de extracción para la faena y la producción de carne, ante el acondicionamiento de esa raza al territorio. En cuanto a la producción bovina, el manejo contempla la cría y recría, y la venta de los excedentes macho.

“En bovinos tenemos un planten puro registrado y de pedigree. De ahí sacamos los toros para auto abastecernos, además de otros que se envían a exposiciones o se destinan a la venta. El resto de la hacienda es rodeo general, a la que se le hace servicio natural a campo. Es por eso que producimos nuestros propios toros”, indicó el fueguino.

A continuación, agregó: “En el ovino tenemos también tres categorías. Tenemos un plantel puro de pedigree de casi 1.500 animales, de los cuales 750 son madres. El resto son todos carneros. Después tenemos un Merino puro registrado y Merino puro, que son animales que tienen de producción como el Provino y el Provino Avanzado. Es una tarea que se hace en conjunto con el INTA y la Asociación Argentina Criadores de Merino. En cuanto a los servicios, el Merino puro registrado y todo el pedigree se sincronizan y se insemina, y después va a un repaso. El rodeo general se hace con servicio natural a campo con carneros puro registrados, que son producto del anterior proceso”.

Estos abultados números abren paso a las preguntas vinculadas a la alimentación y al cuidado del ambiente: ¿De qué forma se evita que la alta carga animal provoque un agotamiento del sistema?

“El principal recurso que tenemos es el recurso forrajero natural extensivo. Aquello intensivo es para cosas específicas y sobre todo para salvaguardar el recurso necesario para las temporadas de invierno. El recurso se protege través de un manejo de pastoreo rotativo en todos los campos. Es un programa anual de manejo cuadro por cuadro, donde se distribuye la hacienda de acuerdo a la producción de forraje en ese momento. Durante el año eso se estudia y se ajusta la carga”, afirmó Mac Donald.

La firma realiza además monitoreos con información satelital que permite analizar el régimen de lluvias y las temperaturas. Eso, sumado a periodistas recorridas de los agrónomos y técnicos que integran el planten oficial, permite que las rotaciones sean ratificadas o rectificadas según lo necesario e indicado.

Es de hecho este minucioso trabajo lo que les permitió conseguir dos certificaciones internacionales.

“En dos establecimientos tenemos una certificación de producción orgánica a través de la OIA, y después tenemos una de la RWS en bienestar animal”, señaló el administrador.

De la superficie destinada a la producción de forraje intensivo, que alcanzan las 700 hectáreas en secano, 430 al riego para la posterior producción de rollos de avena, vicia y alfalfa, entre otras pasturas. También produce algo de grano para el aprovisionamiento de silo picado.

La tercera pata productiva, que es la forestal, se erigió oficialmente en 1992. Hasta ese momento solo había una producción a modo de prueba y con fines más paisajísticos que ambientales o comerciales.

“Hoy tenemos 9.400 hectáreas implantadas en crecimiento. Se hacen todos los trabajos necesarios para tener madera libre de nudo, y también se la utiliza como complemento de la ganadería, tanto bovina como ovina, para realizar manejos silvopastoriles”, indició Mac Donald.

Además de la producción de madera, la empresa también contempla la instalación de un vivero propio que les permita proveerse de sus propios plantines con aquellas genéticas mejoradas y escogidas desde hace más dos décadas.

“Ya tenemos la cabaña de Merino y de Hereford. Esto sería como una cabaña forestal propia, que estará en funcionamiento en los próximos cuatro años. Calculamos que el punto de equilibrio serán 16.000 hectáreas implantadas”, detalló el administrador.

-Con este despliegue de números se entiende la real dimensión de la producción. Con estos años de experiencia, ¿qué ventajas y desventajas reconoce en la producción agropecuaria en este nivel de extensión territorial y con un clima que muestra grandes vaivenes durante el año?

-La ventaja es el medio ambiente donde se crían los animales. Toda esta zona y toda la Patagonia en sí tiene una condición sanitaria para la producción ovina y bovina muy importante. Todo se hace en un entorno natural, de ahí las certificaciones. Son productos que a nivel internacional son muy requeridos. En cuanto a las desventajas siempre el cuello de botella es el invierno, porque lo que sobra en verano en invierno falta. Todo está en prepararse siempre para el peor invierno de todos. Y en función de eso, con la tecnología que hay que se puede aplicar al campo, se pueden minimizar esos riesgos que siempre existen. Lo importante es tener un balance y una trazabilidad.

-Digamos que dentro de su estructura de negocio y costos siempre se contempla que algo puede ocurrir en el invierno.

-Sí, pero tenemos también ahí incluidos los costos para producir lo que necesitamos para evitar problemas en invierno. Después las recuperaciones son ya muy lentas. Lo importante es tener un nivel de producción a lo largo de todo el año y a lo largo de varios años, que sea estable, sustentable y siempre en aumento.

-En efecto, han logrado sostener un planteo de forma estable durante muchos años. Se estabilizó el sistema. ¿Cuáles son los próximos pasos de Compañía?

-Estabilizar el sistema ha llevado su tiempo. Hay que pensar que esta empresa era productora ovina y bovina y nosotros le agregamos la forestal, lo cual es una cuestión técnicamente muy intensiva. El próximo paso, como siempre, es meterle valor agregado a todo lo que hacemos: lana, carne, e instalar una industria forestal que nos permita producir madera. Estamos haciendo madera libre de nudo y esperamos poder acceder técnicamente y comercialmente a los mercados que así lo requieren a nivel nacional e internacional.

Fuente: Bichos de campo